Hay hoteles con encanto, hoteles con historia, hoteles modernos…y hoteles en los lugares más insospechados. Este es el caso del Långholmen Hotel ¿Por qué lo decimos? Porque este particular establecimiento fue, hasta no hace muchos años, una cárcel.

Celda-Langholmen

Situado en una isla cerca de la capital Sueca, Estocolmo, este edificio fue durante más de 100 años presidio estatal. El último preso lo abandonó en 1975 y unos años después no se encontró mejor manera de evitar su abandono y deterioro que transformarlo en alojamiento turístico que funciona como hotel, pero también como albergue.

Casi, casi como antaño

El edificio sufrió una importante remodelación, evidentemente, pero se buscó mantener algo de su ambiente “carcelario”. Aquí no hay habitaciones, sino celdas. Celdas de verdad, las que durante décadas ocuparon los presidiarios, con las mismas dimensiones. Pero no hace falta agobiarse, están mucho mejor equipadas y tienen bastantes más comodidades. Aquí dormir entre rejas es toda una experiencia, en el buen sentido de la palabra, claro.

Interior-celda-Langholmen

Por supuesto, no hay pasillo, sino corredores. Pero ambientados de una manera mucho más agradable para que moverse por ellos no sea una condena, sino todo, lo contrario. Y en su restaurante se sirven menús mucho más apetitosos que el temible “pan y agua”. Ellos mismos se encargan de recordarlo, por si a alguien le quedaran dudas. Por cierto, también recuerdan que los huéspedes tienen la llave de sus celdas…

Llave-celda

Además, hay un pequeño museo que sirve de recordatorio de lo que fuera la función de este edificio durante décadas, aunque sea difícil olvidarlo viendo la recepción o los carteles indicativos.

Cartel-hotel-Langholmen

Y, para los más aventureros también se organizan actividades al más puro estilo “Fuga de Alcatraz”. En definitiva, que una estancia en este peculiar hotel puede ser de todo menos aburrida.

Un entorno de ensueño

El que fuera un lugar de castigo y hoy de descanso está situado en medio de un entorno natural fantástico. Como ya hemos contado, está en una de las muchas islas de Estocolmo.

A unos pocos metros del hotel hay una bonita playa para relajarse y practicar deportes acuáticos y, si el agua no es lo tuyo, puedes disfrutar de unos maravillosos parques o acercarte a la capital, que está a un paso.

Estocolmo

¿Te atreves a pasar unos días…o mejor, unas noches, en este lugar? Seguro que sí y que además te encanta la experiencia, tanto como la de conocer otros hoteles sorprendentes repartidos por el mundo.

Imágenes: Sébastien Aperghis-Tramojanet lackeyHolger.Ellgaard.