Con el paso de los años y después de organizar unos cuantos viajes al extranjero, todos sabemos que, aunque ahora es mucho más fácil planear unas vacaciones, también es más sencillo pasar por alto ciertos detalles. Hoy en día podemos reservar vuelos, buscar hoteles y organizar un viaje completo desde el móvil en cuestión de horas. Y es común que más de una vez, entre la emoción de viajar y las ganas de encontrar una buena oferta, todos hemos dado por hecho cosas que deberíamos haber revisado mejor.

Algunos despistes no pasan de ser una pequeña molestia, pero otros pueden salir bastante caros. Por eso, compartiremos cuatro errores bastante comunes que merece la pena tener en cuenta antes de hacer las maletas.

1. No comprobar los requisitos de entrada al país

Tener el pasaporte en vigor no siempre significa que puedas viajar sin problemas. Cada destino establece sus propias condiciones de entrada y algunas pueden cambiar con relativamente poca antelación.

Hay países que exigen que el documento tenga una validez mínima de seis meses desde la fecha de llegada. Otros requieren visado, autorización electrónica o determinados certificados sanitarios. Incluso para una escapada corta, conviene comprobarlo antes de comprar los billetes.

También hay que prestar atención a las escalas. Dependiendo del país y del tipo de conexión, puede ser necesaria una autorización de tránsito, aunque no tengas intención de salir del aeropuerto.

Lo más recomendable es consultar las indicaciones de las autoridades del destino. No basta con fiarse de lo que cuenta alguien que estuvo allí el verano pasado.

2. Pensar que la tarjeta sanitaria cubre cualquier imprevisto

Uno de los errores más frecuentes es dar por hecho que, si surge algún problema de salud, bastará con presentar la Tarjeta Sanitaria Europea.

Este documento permite acceder a la asistencia sanitaria pública médicamente necesaria durante estancias temporales en determinados países europeos, en las mismas condiciones que sus residentes asegurados. Eso no significa que todos los tratamientos sean gratuitos ni que cubra cualquier situación.

Por ejemplo, una repatriación médica o determinados servicios privados pueden suponer gastos importantes. Y fuera de los países donde tiene validez, la tarjeta no sirve.

3. Dejar demasiado ajustados los horarios de transporte

Encontrar un vuelo barato puede parecer un triunfo hasta que descubres que aterriza a medianoche, el último tren ya ha salido y el taxi cuesta casi tanto como el billete.

Algo parecido ocurre con las conexiones entre vuelos. Comprar dos trayectos por separado y dejar apenas una hora para cambiar de avión puede salir caro si el primero se retrasa. En esas circunstancias, la segunda compañía no tiene por qué hacerse responsable de que pierdas tu vuelo.

Tampoco hay que olvidarse de las cancelaciones, los retrasos importantes o la pérdida de maletas, situaciones que pueden complicar bastante unas vacaciones. Aunque las aerolíneas tienen ciertas obligaciones con los pasajeros, no siempre se recuperan todos los gastos ocasionados.

Por eso, conviene valorar la posibilidad de contratar un seguro de viaje que incluya este tipo de imprevistos. Al comparar opciones, proveedores como Staysure permiten hacerse una idea de las coberturas disponibles, aunque lo fundamental es leer las condiciones, los límites y las exclusiones antes de contratar.

4. Depender completamente del móvil

Hoy llevamos prácticamente todo en el teléfono: tarjetas de embarque, reservas, mapas, entradas y hasta las tarjetas bancarias.

El problema llega cuando se agota la batería, perdemos el dispositivo o descubrimos que no tenemos conexión a internet.

Guardar copias de los documentos importantes, descargar mapas sin conexión y llevar una tarjeta de pago alternativa puede sacarte de más de un apuro. También es buena idea comprobar las condiciones de roaming antes de salir de España.

No hace falta imprimir cada reserva, pero sí tener una alternativa para acceder a la información esencial.