En la patria chica de Hans Christian Andersen no podía faltar un castillo de cuento de hadas. Ese castillo es el Egeskov, construido en la hermosa isla danesa de Fionia. Una bellísima edificación renacentista rodeada de agua que irremediablemente nos recuerda historias de caballeros y princesas.

Castillo de Egeskov, un castillo de cuento

No resulta difícil imaginarse en otra época, ni contemplando la edificación desde fuera ni, mucho menos, cuando se accede al interior. No en vano está considerado como uno de los castillos renacentistas mejor conservados de Europa.

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¿Qué lo hace tan especial además de su fantástico estado? Sobre todo, su localización, en medio de un pequeño lago. Un lugar idílico para una construcción con leyenda. El castillo se sustenta sobre pilares de roble sumergidos en las aguas y anclados al fondo del lago. Pues bien, se dice que para ello fue necesario talar un bosque entero. De hecho, Egeskov significa precisamente eso, bosque de robles.

Que se decidiera levantar el palacio en un lugar rodeado de agua no fue un capricho. En la época de su construcción Dinamarca vivía momentos convulsos y la nobleza buscaba protegerse, de ahí que sus residencias comenzaran a tener un carácter eminentemente defensivo. Una función que en el caso de Egeskov se manifiesta en el lugar elegido para construirlo.

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Durante muchos años la única conexión con la orilla del lago fue un puente levadizo. Pero, además, el castillo son en realidad dos construcciones conectadas por una gruesa pared y con escaleras secretas y pozos ¿El motivo? Que sus habitantes siempre podrían pasar de un edificio a otro en caso de ataque. Las torres redondas de dos de sus esquinas no son más que elementos defensivos añadidos.

Pero además de ello, este castillo es significativo por algo bien distinto y es que cuenta con una rudimentaria instalación de fontanería, de las primeras que se conocen. Una instalación con canalizaciones de agua potable y también desagües.

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Y ya que estamos en su interior, continuamos dentro para recorrer algunas de sus estancias. Desde la denominada habitación Amarilla, con muebles de estilo Luis XVI, al salón de banquetes o a la Sala Victoriana, con mobiliario y objetos originales, todo en el interior del castillo de Egeskov nos recuerda sus épocas de esplendor.

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Y si el edificio es hermoso, sus alrededores no lo son menos, ya que está rodeado por un inmenso parque con jardines diversos: hay uno inglés, uno renacentista, otro acuático, un laberinto…¡Cómo para perderse en ellos durante unas cuantas horas!

Y no hay que abandonar el castillo sin contemplar unas curiosas colecciones, históricas, pero mucho más modernas. Aquí se puede contemplar una colección de coches y motos antiguas, otra de aparatos voladores, una más de carruajes y la más sorprendente: una de vehículos de emergencia con camiones anti-incendios, ambulancias o incluso, barcos de rescate marítimo.

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Curioso ¿Verdad? Egeskov es una auténtica joya, todo un icono en Dinamarca ¿Habías oído hablar de este castillo?

Imágenes: Trond Strandsberg, MichaelXXLFNelson L.César González Palomo.