Tesoros del casco histórico de Dubrovnik que no te deberías perder
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La perla del Adriático; así se conoce a Dubrovnik, considerada por muchos viajeros como una de las ciudades más bellas de Europa. Esta pequeña villa croata, que no llega a los 43.000 habitantes, es hoy por hoy un importante centro turístico del Adriático. Los visitantes superan en cifra a los habitantes, pero eso no ha de disuadirnos a la hora de viajar. Dubrovnik bien vale una visita, aunque sea entre empujones.

Las calles de Dubrovnik, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, son un reflejo de sus 1.500 años de historia. Aquella pequeña Ragusa, como se la conocía en el año 614, estuvo en manos de imperio de Bizancio, formó parte de Venecia, de los reinos de Napoleón y del Imperio Austro-Húngaro, se integró en Yugoslavia y tras la guerra de los Balcanes forma parte de Croacia. Este intenso pasado tiene su huella en las calles, principalmente en el interior de su famosa muralla.

La muralla

Dubrovnik es una ciudad completamente amurallada. La estructura tiene unos 2 km de longitud y se puede recorrer en su totalidad. La visita vale la pena, aunque solo realicemos una parte del trayecto. Desde allí se contemplan unas espectaculares de la ciudad y de la costa Dálmata. Además, hay kioscos para descansar y tomar algún refresco.

La Calle Stradun

La perla del adriatico

Al interior de la ciudad se puede acceder atravesando diferentes puertas. La más recomendable para iniciar nuestro recorrido es la puerta Pilé, que conecta directamente con la calle Stradun o Placa, que es la vía principal. Se trata de una calle ancha y bulliciosa que alberga edificios de diferentes épocas, como el Monasterio Franciscano del s. XVII, la fuente de Onofrio, la columna de Orlando o el Palacio de Sponza, que acoge al Museo de los Héroes.

Junto a la fachada principal del Palacio Sponza se encuentra una calle estrecha y empinada que conduce al Convento de los Dominicos, construido ente los siglos XIV y XVI, y a la Puerta Ploce, otro de los accesos más destacados a la ciudad.

En una vía perpendicular a la calle Stradum se encuentra la iglesia de San Blas, Patrón de la ciudad, y el Palacio de los Rectores, en la actualidad sede del Museo de Historia. Cerca de allí se alza la catedral de la Asunción, que aglutina elementos góticos, renacentistas y barrocos. Todos los edificios y monumentos están bastante cerca unos de otros y se pueden recorrer a pie.

La huella de la guerra de los Balcanes

Los efectos de la guerra son bien visibles en algunas zonas del recorrido por Dubrovnik. Aunque la muralla permaneció intacta, buena parte de la ciudad quedó destruida por los bombardeos durante los años 1991 y 1991. Algunas áreas han sido reconstruidas, pero también hay solares vacíos y zonas derruidas.

El puerto

Dubrovnick

El puerto de Gruz, situado en una gran bahía al oeste de Dubrovnik, también merece una visita. A pesar de los cruceros y de la presencia constante de turistas, es un lugar muy apetecible para tomar algo o cenar. De allí parten autobuses que conectan con el casco antiguo y con zonas periféricas de la ciudad.

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