El hermoso pueblecito francés de Rocamadour, conocido también como Ciudad Sagrada, se levanta en un acantilado del sur de Francia, a la derecha del río Alzou, cerca de Toulouse. A simple vista puede parecer que las casas están construidas unas sobre otras pero no es así, como cualquier otro pueblecito tiene sus calles y también su encanto.

Cómo es Rocamadour

Este pequeño y curioso pueblo francés ha sabido crecer al borde de un acantilado. Sus habitantes han aprendido a convivir entre escaleras y pendientes, han sabido ir hacia arriba. Si algo puede describir a este curioso pueblo son sus numerosos arcos y túneles que se han convertido, debido al poco espacio de construcción disponible, en el único acceso posible a otras calles. Además, son muchos los edificios que tienen como pared la misma roca viva de la montaña. En su única calle principal se concentran todos los comercios y restaurantes del pueblo.

Edificios de Rocamadour

Ciudad Sagrada

Rocamadour no es un pueblo que atraiga a demasiados turistas pero sí es un lugar destacado de peregrinación. Sus iglesias, sobre todo la de la Virgen Negra, consigue que cada año sean muchos los peregrinos que visitan el pequeño pueblo, convirtiéndolo en el segundo lugar más visitado después del Monte Saint-Michel.

Seas creyente o no, subir los 216 peldaños de la Gran Escalera para llegar a la plaza de las iglesias puede ser una curiosa experiencia. Una vez allí se tiene acceso a la basílica de Saint-Sauveur, a la capilla de Saint-Michel y a la capilla de Notre-Dame, donde se guarda la estatua del siglo XII de la Virgen Negra y cerca de la cual se encuentra la tumba de San Amadour.

En el antiguo palacio episcopal se encuentra el Museo de Arte Sacro, donde se guarda una interesante colección de obras religiosas.

Pueblecito

Otros encantos

A un pueblo que está situado en un acantilado no le pueden faltar unas impresionantes vistas y panorámicas de los alrededores. Desde las murallas, punto más alto del pueblo medieval, puede verse el cañón de Alzou y los paisajes que rodean el Parque Natural de Causses du Quercy.

Las admirables y bonitas concreciones minerales y las pinturas rupestres de la Cueva de las Maravillas son una razón de más para visitar este peculiar pueblecito. Además de su exquisito queso de cabra.

Fotografías: dynamosquitoSimonPatrick Nouhailler